CRONICA DE LA TOMA DE LA BASTILLA
Hoy, día 14 de julio de 1789, el pueblo ha amanecido
diferente, nuevo. Una brisa revolucionaria acaricia uno por uno a todos los
ciudadanos, cansados de tanta hipocresía e injusticias. Hoy, día 14 de julio,
cambiarán las cosas.
Toda la gente unida,
pidiéndolo a gritos, reclaman su libertad. Por una vez se sienten parte de
algo, se sienten importantes, ya no están siendo ignorados, ahora tienen voz.
Danton, observándolo todo, siente la felicidad del pueblo, lo ha conseguido; ha
conseguido que el pueblo se sienta seguro de luchar por sus derechos, que no
tenga miedo de enfrentarse cara a cara con el poder por lo que pueda pasar. Las
esperanzas de tener una vida mejor vuelven a resurgir.
Ha comenzado la
revuelta. La Bastilla, símbolo del absolutismo de Louis XVI y lugar de
residencia de los tantos presos políticos, como el marqués de Sade, que han
dado a parar allí debido a sus nuevas ideas de progreso, pagará las
consecuencias. Los ciudadanos corren en busca de armas y de todo lo necesario
para tomar la prisión. Se van acercando al grito de “¡Nous voulons la Bastille!”,
acompañados por los Sans - Culottes
Una vez que llegan a las puertas de La Bastilla se hace el silencio. “Dejad paso al comité del Ayuntamiento”, se escucha. Dos hombres, que parecen ser burgueses, se aproximan a entrar en la Bastilla y, mediante el diálogo, intentar calmar la situación con el Gobernador de la prisión. Una vez arriba, piden la retirada de los cañones y el cierre de las escotillas. El Gobernador promete que en ningún momento estos serán utilizados, pero, debido a la desconfianza, el comité exige su retirada de nuevo por el miedo que causan al pueblo. No muy conforme con lo solicitado el Gobernador acepta, pero el pueblo debe retirarse de la Bastilla.
Los mercenarios
suizos hacen señales de retirada, a lo que los parisinos entienden como una
señal de invitación a pasar. Se aproximan a entrar a la Bastilla como si de una
manada de búfalos se tratase. No hay tiempo de explicarles la situación, ya no
se les puede pedir que paren. Entonces comienzan los disparos. Hay sangre por
todos lados, han vuelto a colocar los cañones, y tantos inocentes están
muriendo a manos de la Bastilla.
Las calles están
bañadas en sangre y los pocos que quedan huyen de la prisión para poder
salvarse. Los absolutistas han ganado, “¡Vive le roi!”, parece que todo está
perdido.
El sonido de los
tambores rompe el silencio que abunda en las calles. Llegan las tropas
francesas revolucionarias. La gente deja paso, se aparta. El ambiente está
tenso, impaciente ante esta llegada, todos observan, callados. “¡Vive la
nation!”
De repente todo
cambia, el pueblo se alza lleno de alegría.
El Gobernador, nada
satisfecho, no quiere que esto se quede así. Inmediatamente envía un mensaje al
Teniente Deflue, una amenaza hacia los parisinos. Tienen pólvora, si continúan
y no se rinden harán explotar el barrio entero. Estos no se quedan callados, es
más, bajan el puente del foso y entran en la prisión para por fin acabar lo
empezado.
Y así los parisinos
toman La Bastilla. Ahora sí que no es una revuelta, ¡ha comenzado la
revolución!